
Todos tenemos ese amigo que, cinco minutos antes de entregar una tarea, aparece con un inocente “¿me la prestas?”. Uno, en un acto de confianza casi suicida, le dice: “Sí, pero no la copies tal cual”. Y nuestro amigo, haciendo gala de una creatividad impresionante, cambia dos palabras, mueve una coma y entrega exactamente lo mismo. Bueno, más o menos eso es Grim Trials.
Desarrollado por Glory Jam y publicado por Soft Source, Grim Trials nos pone en la piel de Avelin, una chica que ha muerto y que, en lugar de recibir el tradicional descanso eterno, termina convirtiéndose en aprendiz de parca. Porque aparentemente morir no significa que se acabe el trabajo. Excelente servicio post-mortem.
Sobre el papel, Grim Trials tiene varios elementos interesantes. Estamos ante un roguelike con combates rápidos, progresión, fabricación de armas, cartas y diferentes potenciadores que buscan que cada partida tenga algo distinto. Y lo cierto es que, durante nuestras primeras horas, resulta bastante sencillo dejarse llevar por la propuesta.
Entra por los ojos y se escucha todavía mejor
Uno de los aspectos que más nos ha gustado de Grim Trials es su apartado audiovisual. El juego tiene una dirección artística bastante llamativa y, aunque vamos a hablar de sus problemas en un momento, visualmente consigue entrar por los ojos. Hay escenarios con personalidad, enemigos reconocibles y una estética que acompaña bien la temática.
Pero donde realmente nos llevamos una sorpresa fue con el apartado sonoro. La música durante los encuentros normales cumple perfectamente su función y acompaña los combates sin convertirse en ruido de fondo. Sin embargo, cuando llega un jefe, el juego parece recordar de repente que tiene presupuesto para una orquesta.
Los temas de los enfrentamientos contra jefes son, sencillamente, uno de nuestros puntos favoritos. Hay ese cambio de intensidad que te hace pensar “ah, vale, ahora sí nos estamos poniendo serios”. Y funciona.
Espera… ¿esto no lo he jugado ya?
Ahora viene el elefante en la habitación. Desde prácticamente el primer momento con Grim Trials aparece una sensación difícil de ignorar: “Espera… yo esto ya lo he visto.” Y no una vez.
Las influencias de Hades y Cult of the Lamb son extremadamente evidentes. Desde determinados diseños de las mazmorras hasta la estructura de la base donde mejoramos nuestro equipo, Grim Trials parece haber tomado apuntes bastante detallados de sus compañeros de género.
Y aquí hay que hacer una aclaración importante: inspirarse en otros juegos no es malo. Prácticamente todo videojuego moderno está construido sobre las ideas de otros. El problema aparece cuando la inspiración es tan evidente que empieza a convertirse en una especie de déjà vu permanente. Es como entrar a una fiesta, mirar alrededor y pensar: “Un momento… ¿este tipo no estaba en la fiesta de ayer?” Y sí. Era él.
Un roguelike que sabe entretener
A pesar de todo esto, Grim Trials tiene algo que no podemos quitarle: es divertido. Sus sistemas de progresión funcionan y la fabricación de armas resulta bastante entretenida. Podemos crear diferentes armas y modificar sus características mediante potenciadores, permitiendo adaptar nuestra construcción a la manera en la que queremos jugar.
Las runs también tienen un ritmo bastante agradable. No se sienten eternas y existe suficiente variedad mediante las cartas y potenciadores que vamos encontrando como para que cada partida tenga pequeñas diferencias. Y esto es importante porque, aunque podamos reconocer algunas de sus influencias a kilómetros de distancia, Grim Trials no se siente como un juego completamente vacío que simplemente haya puesto una skin diferente encima de otro título.
Hay una propuesta jugable detrás. El problema es que, mientras juegas, aparece nuevamente ese pequeño demonio en tu hombro diciendo: “Oye… ¿ese enemigo no lo matamos hace un rato?” Y tú intentas ignorarlo. Hasta que aparece otro. Y otro. Y entonces empiezas a sospechar que quizá Avelin no es una aprendiz de parca, sino una asesina reincidente con memoria fotográfica.


Cuando la inspiración pesa demasiado
El mayor problema de Grim Trials no está en sus mecánicas. Está en su identidad. Porque una cosa es tomar inspiración de los grandes exponentes del género y otra es hacer que el jugador esté constantemente intentando identificar de dónde viene cada elemento.
El juego intenta diferenciar algunos enemigos mediante cambios físicos y visuales, pero en ocasiones no es suficiente para eliminar esa sensación de familiaridad. Y esto puede ser especialmente evidente para quienes llevan años jugando roguelikes.
Si vienes entrando al género por primera vez, probablemente muchas de estas similitudes te pasarán completamente desapercibidas. Pero si ya has pasado incontables horas recorriendo mazmorras, muriendo, volviendo a empezar y diciendo “una run más y me voy a dormir” hasta las tres de la mañana, Grim Trials puede sentirse demasiado familiar. No necesariamente malo. Simplemente familiar.
¿Vale la pena Grim Trials?
Sí. Y probablemente esa sea la parte más complicada de esta review. Porque Grim Trials no es un mal juego. De hecho, cumple bastante bien con su objetivo principal: entretener. Tiene una presentación audiovisual agradable, una banda sonora que nos ha sorprendido para bien, combates entretenidos, sistemas de fabricación interesantes y runs suficientemente rápidas como para convertirse en una buena opción para echar un rato.
Además, su precio accesible juega bastante a su favor. El problema es que, si eres alguien que ya está muy metido en el género de los roguelikes, probablemente vas a tener más de un momento de: “Yo ya estuve aquí.” “Yo ya vi este enemigo.” “Ese jefe me suena.” “¿Y esa mesa de progresión…?”
Y entonces toca aceptar que Grim Trials es ese compañero que sí hizo la tarea, sí la entregó y sí pasó el curso… pero definitivamente copió algunas respuestas.


Conclusión
Grim Trials cumple. Entretiene, tiene buenas ideas, una presentación visual atractiva y una banda sonora que sabe cuándo quedarse en segundo plano y cuándo levantar el puño para decir “AHORA VIENE EL JEFE”.
Pero también es imposible ignorar cuánto bebe de otros títulos, especialmente de Hades y Cult of the Lamb. Sus inspiraciones están demasiado marcadas y terminan afectando algo que consideramos fundamental en cualquier videojuego: su identidad propia.
¿Eso convierte a Grim Trials en un mal juego? No. ¿Hace que sea menos recomendable? Depende. Si buscas un roguelike accesible, entretenido y relativamente económico para pasar unas buenas horas, Grim Trials puede darte exactamente eso.
Si llevas cientos de horas en el género y esperas encontrarte con algo que te haga decir “diablos, esto sí es nuevo”, probablemente vas a levantar la ceja más de una vez. Grim Trials no reinventará el género, pero tampoco necesita hacerlo para funcionar. Es divertido. Es competente.
Y, sí… se parece demasiado a la tarea del compañero de al lado.
Nota: 7.5
Este análisis se realizó en PC con un código suministrado por Soft Source.
No te olvides de seguirnos:
También Te Puede Interesar:








