De los creadores de Deadly Premonition y No More Heroes llega una propuesta tan extraña como fascinante: Hotel Barcelona. Un título que mezcla acción, locura y sátira al cine de terror de los años 80. El resultado es una experiencia caótica, difícil y, por momentos, brillante… aunque no siempre logra mantener el equilibrio entre lo desafiante y lo disfrutable.
Un infierno llamado Hotel Barcelona
La premisa no podría ser más delirante: Justine Bernstein, una alguacil federal novata, queda atrapada en un bucle temporal dentro de un resort maldito donde asesinos sobrenaturales conviven como si se tratara de unas vacaciones infernales. Su objetivo es dar con la misteriosa bruja que parece controlar el lugar y, de paso, resolver la muerte de su padre.
Desde el primer minuto, Hotel Barcelona deja claro que no quiere tomarse demasiado en serio. Su tono es una carta de amor a las slasher movies clásicas, con referencias constantes a Viernes 13, Halloween y otros íconos del terror ochentero. Sin embargo, detrás de ese homenaje, el juego esconde una estructura roguelite desafiante y cruel, donde cada muerte nos obliga a aprender, mejorar y volver a intentarlo.
Una mezcla de estilos tan brillante como caótica
El juego combina la acción 2,5D con exploración en entornos 2D dentro del hotel, donde podemos hablar con NPCs, mejorar nuestras armas o participar en modos especiales con recompensas mayores. Una vez elegida la zona, la jugabilidad se transforma: pasamos a recorrer escenarios repletos de trampas, enemigos grotescos y jefes que parecen sacados de un festival de cine serie B.
Cada zona del hotel homenajea un subgénero del terror: el campamento slasher, el laboratorio alienígena, el carnaval maldito… e incluso un asador donde la cocina se convierte en un baño de sangre. Este diseño temático es uno de los puntos más fuertes del título, no solo por su variedad estética, sino por cómo refuerza la sensación de estar viviendo una antología de pesadillas.
Un sistema de progreso retorcido
Antes de cada incursión, debemos elegir nuestras armas y atuendos. Las armas cuerpo a cuerpo (cuchillos, hachas, sierras) y las de distancia (pistolas, escopetas o lanzallamas) determinan el ritmo del combate, mientras que los trajes son puramente estéticos. Sin embargo, lo realmente curioso son los modificadores aleatorios que cambian la experiencia en cada partida:
- Hora del día, que afecta la visibilidad.
- Clima, que puede jugar en nuestra contra, como la lluvia que entorpece los movimientos.
- Tamaño de Justine, que altera el alcance de sus ataques.
Estos factores, sumados a la dificultad y a la sensación constante de improvisación, hacen que Hotel Barcelona tenga ese carácter “de autor”, donde cada partida es un pequeño caos controlado.
Diseño cruel, pero con recompensas
El diseño de niveles se basa en puertas de salida que pueden ofrecer bonificaciones al cruzarlas: curación, aumento de velocidad o mejoras temporales. A medida que avanzamos, la progresión se vuelve más clara y gratificante, sobre todo cuando aprendemos a dominar las mecánicas de combate y los sistemas de mejora.
Aun así, el juego no perdona. Su dificultad es brutal y a veces injusta, con picos que pueden frustrar incluso a los más pacientes. Y aunque cada derrota deja una lección, la sensación de castigo constante puede alejar a los jugadores menos acostumbrados al género.
Multijugador y minijuegos: el toque Swery y Suda
Fieles a su estilo, Suda51 y Hidetaka “Swery” Suehiro incluyen pequeños desvíos que rompen la tensión:
- Minijuegos como apuestas o un pinball sorprendentemente bien logrado.
- Modos especiales dentro del hotel, incluyendo uno tipo bondage (sí, así de excéntrico) que aumenta la dificultad pero también las recompensas.
- Opciones online limitadas, que permiten cooperar en ciertos tramos del juego.
Son detalles que no necesariamente mejoran la experiencia principal, pero sí le dan ese toque surrealista que define a sus creadores.
Una protagonista que evoluciona con el caos
Justine comienza como una agente tímida y reservada, pero pronto adopta el rol de una antihéroe desquiciada, reflejando el tono excéntrico del juego. Su transformación, tanto estética como narrativa, acompaña el ritmo creciente de violencia y locura que se apodera del hotel.
Este cambio no solo es visual: cada nuevo intento se siente como una Justine distinta, más poderosa y decidida, lo que refuerza la sensación de progreso dentro del bucle infernal.
Una obra de autor, con luces y sombras

Hotel Barcelona es un título que rezuma personalidad, pero también se tropieza con sus propias ambiciones. La jugabilidad, aunque sólida, a veces se siente torpe; las mecánicas roguelite no siempre están bien equilibradas; y el énfasis en el estilo por encima de la fluidez puede convertir la experiencia en algo más frustrante que divertido.
Sin embargo, cuando todo encaja —cuando los homenajes, la acción y el humor negro se alinean—, el juego logra brillar como un proyecto único, arriesgado y deliciosamente extraño.
Hotel Barcelona no es para todos. Es duro, grotesco y descaradamente excéntrico, pero también es un homenaje sincero al terror y una muestra clara del sello de Suda51 y Swery. Quienes busquen un desafío con mucha identidad y no teman al caos encontrarán aquí una experiencia inolvidable, aunque irregular. Para los demás, será simplemente una parada curiosa en el camino… o una pesadilla de la que preferirán no despertar.
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